lunes, 6 de agosto de 2012

¿Por qué despenalizar el autocultivo de marihuana?

 

La política represiva contra la marihuana ha sido un fracaso. Lo único que se ha conseguido es dar vida al narcotráfico y darle un duro golpe a la libertad individual de las personas. Es momento de repensar. Hay que abrir un debate serio sobre la despenalización del consumo y fundamentalmente del autocultivo.
La penalización de la marihuana desde la mirada de salud pública no se justifica. No es una sustancia mortal como otras drogas. La ciencia ha derrumbado todos los mitos que existen en torno a esta. Los argumentos para prohibirla no tienen ningún sustento serio.

En una sustancia que no reviste peligro de alta gravedad, el estado debe advertir sobre los efectos de consumirla, pero no penalizar su consumo. Por ejemplo, si una persona consume grasas todos los días, podría a la larga tener problemas de salud. En este caso, el estado debería indicar las consecuencias del consumo excesivo, pero sería poco razonable criminalizar a quienes consumen choripanes o hamburguesas de McDonald. No obstante con la marihuana así sucede.

El alcohol y el tabaco son drogas, y mucho más riesgosas que la marihuana. Estas sí cobran miles de vidas cada año. Pero contradictoriamente están permitidas. Hay más probabilidades de morir de sobredosis de comida chatarra que con marihuana.
Se puede estar en contra del consumo de marihuana, y a la vez ser partidario de su despenalización, ya que el debate no es si esta es buena o mala, sino si es razonable o no criminalizarla.

Prohibir que alguien fume marihuana, es atentar contra la libertad individual. El estado solo debería intervenir represivamente cuando los actos de una persona afecten directamente a la comunidad. Es ridículo que el Estado transforme en un vil delincuente a una persona adulta, que en su sano juicio, un fin de semana en la tarde, en su casa, se fuma un pito de marihuana con su pareja. De lo que una persona haga en su vida privada, y no afecte directamente a otros, solo debe rendir cuentas ante su dios o ante su conciencia, pero jamás ante el estado.

Nuestras leyes en este sentido son brutalmente represoras. La marihuana fue equiparada jurídicamente a drogas como la cocaína o la heroína. Portar una colilla de marihuana en la billetera en un aeropuerto o un bus, puede ser motivo suficiente para ser tirado al suelo, esposado e interrogado como un asesino. Todo por una colilla en la billetera.

Lo paradojal es que en Chile está permitido consumir marihuana, pero penado comprarla, regalarla, fumarla con alguien y cultivarla, es decir, no eres un delincuente y puedes fumar solo si estás sentado en el baño de tu casa y te cae del cielo un pito. Todo pensado para decir “está permitido, no hay nada que debatir”.

La dura penalización no ha tenido ni siquiera resultados en bajar el consumo. Chile tiene las leyes más brutales en esta materia, y paralelamente el más alto consumo de marihuana de Sudamérica.
La lucha contra el narcotráfico ha sido un verdadero festival de fracasos. El cuento es el mismo: la gente pide más mano dura, los gobiernos acceden, gastan millones de dólares, llenan las cárceles de traficantes y consumidores, pero la cosa continúa igual.

El único efecto concreto que ha tenido la penalización, son poblaciones tomadas por bandas de narcos. El negocio de los traficantes está ahí, en la penalización. Es esto lo que les da vida. El narcotráfico existe por la penalización.
Si la marihuana estuviera despenalizada, y un adulto pudiera cultivar su propia planta para fumar tranquilo en su casa, no tendría que salir a comprársela al traficante. Con esto se le acabaría el negocio. Permitir el autocultivo de marihuana sería el más grande golpe al narcotráfico en nuestra historia.
Como sociedad debemos ser capaces de debatir seriamente este tema.

En muchos países de Latinoamérica, narcotraficantes financian medios de prensa, jueces, policía y políticos. Ellos son los principales opositores a debatir este tema, ya que no les conviene para nada cambiar la situación actual. En Chile si bien (todavía) no llegamos a este punto, la clase política se ha negado a debatir sólo por miedo a perder réditos electorales.  No es un tema popular, no da votos, y en las poblaciones golpeadas por los traficantes lo más fácil es decir “mano dura al narcotráfico”. Sin duda la concertación debe hacer un “mea culpa” en esta materia donde actuó con el mismo conservadurismo de la derecha.

Por eso es muy valorable lo que ha hecho el senador Fulvio Rossi al lograr abrir una discusión que nadie se había atrevido a abrir. Haciéndolo además con un acto de valentía y consecuencia, que en una sociedad hipócrita como la nuestra, es algo digno de aplauso.

El gobierno ha respondido a esta invitación de una manera populista y poco seria. Han salido desde un altar moral poco creíble a apuntar al senador Rossi en vez de hacerse cargo del debate.

La verdad es que quienes se oponen a la despenalización del autocultivo, son funcionales al narcotráfico.
El desafío hoy está en saber elegir entre asumir una postura seria y abrir este debate, o continuar de manera populista asumiendo que las cosas se están haciendo bien, mientras se atropella la libertad y los narcotraficantes siguen mandando. Eludir este debate, es una irresponsabilidad. #autocultivo.


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